Conocimiento vs Sociedad.

Nunca más de acuerdo con Rafael Moneo cuando comenta que «en la sociedad contemporánea, la arquitectura no juega el rol que antes ha jugado». Cada día estoy más convencido que esto es así, aunque siga ilusionado en que todo cambiará. Y es que, todo lo que citaba Wright en aquella entrevista titulada «Conversación» en 1953 se está plagiando, desafortunadamente.

La tecnología y los medios nos ayudan a «aprender» y tener más fácil acceso a la información. Son muchos los formatos sobre tecnología y recientemente con el formato B.I.M. parece que todo se ha resuelto de manera definitiva. He sido partícipe en congresos, he formado parte de proyectos internacionales,… y siempre desembarco en la misma conclusión: todo tiene su razón de ser y cada proyecto tiene su particularidad. Tenemos que ir asimilando que el progreso y la eficacia se validen mutuamente para conseguir que conocimiento vs sociedad no sean cuestiones no vinculadas. Este es el sentido que define Amparo Martinez Vidal, en el portal Umbrales: casi en exclusividad, los espacios comerciales-escaparatismo, y paralelamente, mujeres arquitectas y creativas.

En cuanto a la comunicación y divulgación del conocimiento e investigación de la sociedad y, muy concretamente, centrado en la educación para emprender,  es el que nos muestra, José Manuel Picó, arquitecto-emprendedor-profesor (y yo añadiría, inconformista), fracciona su tiempo en diseñar sueños, innovar y sobre todo comprometido con educar para emprender: este es el verdadero pilar de la sociedad.

Cualquiera, en su propia superviencia, tiene que hacer uso de la creatividad, de poner en valor el conocimiento y demostrar a la sociedad, con la herramientas justas y válidas, que hay una arquitectura distinta a la que se a pasea como una prostituta por la calle con los traficantes de planos.  El progreso de una sociedad está en el conocimiento: no podemos hablar de ciudad, de sostenibilidad, de economía, de igualdad… si no disponemos del conocimiento real y verdadero, de los «inputs» válidos para el desarrollo y progreso de la sociedad con implantación en la ciudad. Merece recordar este fragmento de «El Manantial», King Vidor, 1949:

Prácticamente un siglo de grandes avances en tecnología, en construcción, en desarrollo… pero nos sigue faltando la capacidad de exigir lo que necesitamos y transmitir lo que podemos aportar. La «modernización» nos impone continuas exigencias propuestas, sutilmente, por la continua modificación de normas, formas de vida o intentos de redirigirnos a consumos de energía más racionales y alternativos. Esto último, me parece acertado, pero se ve distorsionado por tanto vende-humos que tratan de sacar tajada a costa de cualquier pretexto. Nuestro conocimiento se hace cada vez más experto en muchos campos, afortunadamente, ayudado por la tecnología, pero la capacidad del arquitecto de saber diseñar,  dirigir, coordinar, calcular cada uno de los elementos del proyecto es fundamental para que el edificio sea íntegro y funcional. Nos queda menos «espacio» para desarrollar lo que nuestros clientes nos transmiten con sus ideas, para conseguir diseñarles un contenedor a su propuesta y estilo de vida.

Hace casi poco menos de dos décadas, ayer, rayábamos con el grafito el papel consiguiendo, en el mejor de los casos, algo de profundidad, de sombra, de materialidad en nuestros proyectos. Hoy diseñamos y enseñamos nuestro trabajo en nuestra oficina con realidad aumentada, podemos andar dentro de nuestro diseños, vemos el color, la materialidad, la luz, el espacio… conocemos los fallos antes de que ocurran; proponemos alternativas de ciudad fundadas en conocimientos que antes era difícil o imposible de justificar. ¿Qué más podemos pedir?

Ahora solo falta que la sociedad sea capaz y consciente de asimilar estas propuestas.

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